viernes, 16 de mayo de 2014

LA OPORTUNIDAD Y LA DESICION

LA OPORTUNIDAD Y LA DECISIÓN

Desde el comienzo de los tiempos Dios enfrentó al hombre con la necesidad de la decisión, (debía ser así pues de lo contrario no podíamos considerarnos seres libres) y la primera restricción relacionada con la decisión era la de no comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gen. 2;17). Desde allí el hombre ha tenido que enfrentar una y otra vez la decisión: unas decisiones engendran vida, otras decisiones engendran muerte. Pero la decisión no es solo la opción de elegir entre dos o más alternativas, dentro de esa capacidad que Dios ha dado al hombre se mueven muchas cosas que el ser humano puede ignorar a la hora de tomar una decisión, por ejemplo el conocimiento del escenario de las alternativas (cuáles son reales, cuáles falsas), la verdadera motivación para tomar la decisión  (el inconsciente) y las consecuencias de una buena o  mala decisión (el pecado).
Pensemos en el caso de Eva: en esta situación sólo hay dos opciones, hacerle caso a la serpiente o a Dios. La ingenuidad (falta de conocimiento) la lleva a tomar una mala opción y  la voz de la serpiente que penetra por el oído, estimula todo un aparato inconsciente que motiva la decisión: el orgullo de querer ser iguales a Dios. A menudo le pregunto a los estudiantes sobre lo que quieren ser cuando grandes y muchos chicos responden que futbolistas, pero en casi todos hay un desconocimiento de las opciones reales, ignoran que detrás de ese sueño hay millones de chicos y que muchos no llegarán a esa meta, no consideran una segunda o tercera opción y cuando  se estrellan con la realidad, no pueden tolerar la frustración y algunos de ellos terminan consumiendo droga o en la delincuencia. Ciertamente el conocimiento de las opciones verdaderas nos puede hacer libres del error: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (curiosamente un psicólogo hizo de estas palabras de Jesús uno de sus principios)
Otra de las situaciones claves en las decisiones es  cuándo en realidad somos libres para decidir, por ejemplo si pensamos en el joven que desde pequeño fue condicionado por las circunstancias, digamos sus padres bebían todo el tiempo, creció en ese medio y ahora él también lo hace, podemos pensar que ese joven es libre para tomar la decisión de no hacerlo? (Determinismo psicológico). Esta situación tiene que ver con que las decisiones correctas son una cadena de acciones que finalmente nos llevan a opción correcta, por ejemplo: queremos comprar una casa: necesitamos información adecuada e ir recorriendo los pasos como hablar con expertos, conseguir los fondos económicos, buscar la ubicación adecuada y finalmente comprarla. Una buena decisión es producto de un conjunto de buenas acciones, que concluyen en la determinación  final. Pensemos en el caso contrario: Un hombre tiene una esposa y determina serle fiel, pero este hombre, tiene tentaciones, digamos una exnovia del pasado con quien la “pasaba bien”. Esta chica lo llama telefónicamente y le dice que lo quiere ver, él accede; se encuentran en uno de sus viejos sitios tomándose unas cervezas. Ella le propone que salgan a bailar, él piensa que puede hacerlo, que es sólo una amiga y que “no pasará nada”. En la discoteca se toman unos tragos y a medida que pasa la noche, él va viendo más interesante a la chica y se siente más atraído a ella, se besan pero él todavía cree que no pasará nada, sólo un beso. A la madrugada con varios tragos en la cabeza él decide ir con la chica a un motel y no amanecer al lado de su esposa: ¿Cuándo tomó este hombre la decisión de acostarse con aquella chica?, no fue en el último instante, seguramente había tomado la decisión en el momento en que aceptó   verse con ella.
Veamos el caso del faraón en Éxodo 5;2 cuando Moisés le dice que deje ir libre al pueblo Hebreo, Faraón responde que no y los obliga a trabajar más, Moisés vuelve con la vara de Aarón haciendo milagros, pero el corazón del Faraón se endurece y no lo escucha ( Éxodo 7;13), después viene la plaga de sangre, la plaga de las ranas y el Faraón se arrepiente pero no hay cambio real, su corazón sigue “endureciéndose”, aquí hay un principio: “las malas decisiones endurecen nuestro corazón, las buenas decisiones nos sitúan en la voluntad de Dios”. Finalmente el Faraón debe enfrentar dolorosamente la muerte de su hijo,  la destrucción de su ejército y su propia muerte y condenación, por no tomar la decisión correcta; en algún momento Faraón aún era libre para tomar esa opción, en otro ya la suerte estaba echada.
En muchas ocasiones hemos sido faraones y nos hemos empecinado en los errores y nuestro corazón se ha endurecido, pero Dios tiene respuestas para eso, Dios se nos muestra como un Dios de oportunidades:  Eclesiastés 9:11: Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que TIEMPO Y OCASIÓN acontecen a todos.” Jesús se convierte en la fuente de grandes oportunidades para el que le sigue, veamos en Juan 5;1-10 la situación de un hombre que esperaba hacía treinta y ocho años la oportunidad de un milagro y Jesús se lo realizó pero tenía una demanda: la decisión, Levántate, toma tu lecho y anda”.
A menudo nos enfrentamos con decisiones difíciles para tomar, en estos momentos debemos acudir al espíritu Santo, quien guía a toda verdad, además quien  escudriña las intenciones del corazón: conozco el caso de un amigo que pudiendo elegir una novia dentro de la iglesia, conoció otra por internet, guiándose por la apariencia de  ella: el resultado fue doloroso para ambas partes.

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